¿De veras eres tan diferente?
Una reflexión sobre el miedo a las etiquetas sociales.
Una de las preguntas más repetidas en mis tiempos en Ask era aquella de defínete en tres palabras. Recuerdo que una de mis respuestas de los últimos años fue que si pudiese definirme con solo tres estaría haciendo algo muy mal. Pero en las anteriores ocasiones siempre solía caer un término. Diferente.
Yo no me había colgado la «distinción» con gusto. De hecho, no me la había puesto en ningún momento, sino que la llevaba como quien tiene una marca de nacimiento en la mejilla o las orejas de soplillo. Que era el menos parecido a todos aquellos con quienes había interactuado hasta entonces era algo notorio y ya. Y, de hecho, en aquella época no era nada habitual dar tal respuesta. La gente quería sentirse muchas cosas, pero no diferente.
Sin embargo, ha pasado más de una década y, de pronto, todo el mundo quiere y dice serlo. Y no solo eso, sino que recibe el aplauso de gente que ve, consume y hace el ochenta por ciento de las mismas cosas. Venga ya, seamos sinceros.
¿De veras eres tan diferente?
Hace unas semanas me llamó la atención el título de un post en el que una persona se quejaba de que todo el mundo la metía en el saco de un estereotipo. ¡Cómo la entendí! Odio los prejuicios y las etiquetas profundamente. Como para no.
En lo cabal, sé que son mecanismos inherentes al ser humano, que permiten actuar con agilidad ante personas que no conocemos y que probablemente se desvanezcan para siempre tras un breve encuentro. En lo cabal, sé que sirven para discernir nuestros intereses en redes ante el inmenso número de perfiles con los que nos cruzamos a diario, de cuya totalidad de características e intervenciones no podemos acordarnos. Pero claro: a veces no hay cabal que valga, volviendo a mi mente toda esa gente a la que le caería bien que me ha juzgado y condenado desde antes de abrir la boca o pulsar una tecla. Algo que no por ser muy habitual en la gente diferente deja de ser desagradable.
Por ello, cuando leí ese título me sentí muy identificado y entré a conmiserar su experiencia en la medida de mis posibilidades... para acabar por descubrir que el post era toda una exposición de que esta persona era la auténtica definición del estereotipo que le molestaba, punto por punto.
La situación se volvió tan cómica que cerró su defensa de no ser lo que estaba diciendo ser con una proclama contra aquellos a los que su etiqueta rechaza y enumerando una serie de lecturas que podrías encontrar en Google buscando libros para ese estereotipo de persona. En los comentarios:
Es increíble la falta de autodiagnóstico que padece la sociedad de nuestro tiempo, así como la necesidad de creernos diferentes cumpliendo cada punto de lo que un grupo social grande hace. Pero vamos a ver: ¿qué ganas con esa supuesta condición de diferente? ¿Por qué te molesta ser parte de algo? ¿O es que somos tan hipócritas como para acudir a nuestro grupo de clones a darnos palmaditas en la espalda unos a otros murmurando «ay, qué diferente eres, pobre, pobre...»?
¿En qué crees que consiste ser diferente? ¿En qué, no formar parte de un estereotipo? ¿Crees que meterte al estoicismo es abrazar la soledad de que no hay nadie como tú? ¿Crees que por alabar Comerás flores en enero, Oxígeno en febrero y Han cantado bingo en marzo estás en las Antípodas de quienes los devoraron en enero? ¿Crees que escribir novela negra en vez de dark romance es ir contra el sistema? ¿Que venderte intolerante contra la intolerancia es toda una marca de tu unicidad? ¿Que lo es lo buena persona que eres en este mundo en el que todas son malísimas?
No me vendas lo alternativo que eres por tener a Dostoyevski en la estantería, odiar el fútbol con toda tu alma y gustarte el café sin azúcar. No me vengas con que no hay nadie como tú por haber sufrido bullying, tener padres divorciados y preferir el anime a salir de fiesta. No trates de vendarme los ojos con que eres alguien diferente por no escuchar reggaetón; de hecho, vete a tomar por culo si consideras que no escuchar reggaetón te hace ser «alguien diferente».
No está mal encajar en estereotipos. Eso no va a hacer que seas menos valioso para los demás; en multitud de casos, todo lo contrario. Muchas personas se pegan en el pecho la etiqueta de diferentes para no sentirse otro ladrillo en el muro, cuando la realidad es que, aunque fuésemos un perfecto cliché, seríamos únicos.
El día de cada persona está formado por cientos de experiencias individuales distintas incluso de aquellas con quienes compartimos modo de vida, gustos, tipo de familia, trabajo, aficiones... Con cada muerte, con cada adiós, se pierde todo un universo. Y tú sigues siendo una persona única e irremplazable para quienes te importan aunque coincidas con miles en lo general: nadie te lo va a quitar.
Pero joder: no me pongas que te define ser diferente o lo mucho que te raya ser incluido en una etiqueta cuando tu identidad aparece como ejemplo en el manual de instrucciones de ese estereotipo. Si te avergüenza, cambia lo que tengas que cambiar de ti en la medida de tus posibilidades. Si no te compensa o no puedes lograr el cambio, pues asume aquello en lo que te has convertido o has sido siempre. Pero no te engañes ni trates de engañar al resto, ni te ofendas de que prejuzguen lo que exactamente resultas ser, porque de nada vale disimular si lo eres por fuera, por dentro y por más adentro.
Lo que no eres es mejor por creerte y que te crean diferente. ¿De veras te crees mejor por serlo? Pues, por si no lo sabías, te lo dice uno que conoce a la perfección no ser mejor que nadie: ser diferente no es lo que marca la diferencia.
¿Qué dirías que es lo que marca la diferencia para vosotros? ¿O creéis que no la hay realmente? ¿Alguna etiqueta que os haya hecho daño especialmente en algún momento? Ya sabéis que tenéis el comentario y el mensaje directo: no muerdo y me encanta hablar del tema (aunque a veces me irrite profundamente).




Quizá no nos incomoda tanto la etiqueta…
como lo que sentimos cuando encajamos demasiado en ella. 😉
Quién decide si un comentario crea vínculo y cuándo se ha multiplicado tanto que pasa a ser sistema? No lo dices así de claro, pero lo sientes. Quizás ni pienses que tú también eras una candidata contradictoria de First Dates en busca de estabilidad porque estabas aburrida. Resumiendo, para que se entienda y ganar suscriptores —ahora tienes vía libre para sustituirme—: soy especial, la elegida por ti, y no vamos a cambiar de roles.